Frío que duele, paraliza, recuerda ausencias y potencia presencias. Hace unos días llegué a Madrid, pasé por casa. Encuentros con personas queridas, besos, abrazos y amistades que se cuidan al calor de unas cervezas.También en estos días apareció el primer texto que escribo, junto a un amigo, en la revista Alandar. Alguien que se ha considerado agnóstico la mayor parte de su vida empieza a escribir en una revista católica progresista.
Me ha costado escribir en estos días. Afortunadamente otros se encargan de alertar ante actitudes autodestructivas en el ámbito económico y nos recuerdan lecciones aprendidas en el Cuerno de África.
Me duele la España que mantiene a más de 100.000 desaparecidos en fosas comunes y cunetas, en la que continua la cadena de despropósitos con el objetivo de castigar al juez que se atrevió a cumplir con su responsabilidad. Lo nunca visto. España de amnesia, o de memoria selectiva, siempre en favor de los mismos muertos. Mientras algunos acercarán a la gran pantalla la memoria de otros sufrimientos, mi país demuestra ante el mundo su incapacidad, su cobardía. Los Derechos Humanos están amenazados en España.
Recuerdo en estos días mi último viaje en América Latina, el patio trasero que Estados Unidos parece estar perdiendo.
Belem. Pará. Brasil
Un viaje que comenzó en el estado de Pará, en la ciudad de un futbolista demócrata. Para muchos, puerta de entrada al Amazonas.
Alter do Chao
A mitad del viaje, en Alter do Chao, conocido también como el caribe amazónico, me llegan palabras con noticias de talas ilegales, de selva que no respira. Una herida más en un país en el que el trabajo infantil sigue siendo una realidad habitual. Grandes contradicciones en un país con gobierno de izquierda. No me sorprende que personas como Heloisa Helena y Marina Silva acabaran distanciándose del gobierno que actúa con excesiva tibieza en determinados ámbitos.
El viaje por el norte de Brasil me llevó hasta Manaos y a una breve excursión al interior de la selva amazónica, con alojamiento en un lugar idílico, a pocos metros de botos y caimanes. Me impresionó Manaos, capital del imperio del caucho, destila decadencia. El estado de las grandes casas en su centro histórico muestran las consecuencias del fin de una etapa de grandes riquezas a costa de las vidas e ilusiones de muchos. Champagne y aguas mineral importada de Francia en los años en los que miles fueron esclavizados, por el caucho y la ambición de unos pocos. Caserones decadentes invitar a imaginar aquel lejano esplendor forjado en un tiempo en el que una tonelada de caucho era intercambiada por un kilo de oro.
20.00 en Manaos, en una calle vacía de la ciudad que alberga sedes de grandes multinacionales, un hombre duerme al lado de un cubo de basura. Un reflejo del malestar de una sociedad que no ofrece un techo para todos. Una cadena de montaje en la que parecen sobrar las piezas defectuosas.
Teatro Amazonas.Manaos
En la capital amazónica me hablaron de la situación de miles de haitianos que han llegado a la ciudad en los últimos dos años, consecuencia de una situación que corremos el riesgo de olvidar. Alrededor de cuatro mil haitianos han llegado a Manaos, sin conocer el idioma, víctimas y cómplices de unos coyotes menos conocidos que sus colegas centroamericanos. Indocumentados. Marginados. Me cuenta un vecino de la ciudad que estas personas sólo reciben ayuda de algunos sacerdotes católicos. Esta es una historia que me gustaría contar, con tiempo, con recursos.Como la realidad de los esclavos que mencioné en otra entrada o la de los indígenas amenazados.
Los primeros días en Europa echaba de menos las vistas que tenía en Río de Janeiro. En esos días leí al Dalai Lama. Palabras estimulantes.A la vez que nos recuerda que las posiciones de poder que se consiguen con intimidaciones no pueden perdurar nos regala frases como la siguiente: “llegué a la conclusión de que no
importa mucho si una persona tiene o no una creencia religiosa. Mucho más
importante es que sea una buena persona”, encontramos un canto que invita a trabajar por un mundo mejor, a actuar correctamente. Si realizamos buenas obras, aumentará el bienestar, para nosotros mismos y para los demás. Sigamos trabajando para conseguir que todos podamos aspirar a conseguir nuestra aspiración más elemental: ser feliz y
evitar el sufrimiento.Cuento con vosotros.
Amigo, sin duda éste es el mejor post que has publicado. Me ha encantado de principio a fin. Es tu reflexión personal sobre muchas situaciones que te rodean pero engancha mucho... y el final, es un bordado pintado de color esperanza y revolución...
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